Humor y psique

Giancarlo Livraghi – enero 2013

traducción castellana de Rudy Alvarado

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En general prefiero evitar los juegos de palabras, debido a que hay demasiados
y a menudo carecen de sentido. Espero que los lectores encuentren aceptable
esta pequeña excepción, que se refiere a la clásica metamorfosis Amor y Psique.
 

No sólo en Europa, sino también en el resto del mundo, hay mucha confusión acerca de la llamada “crisis económica”. Durante algún tiempo parecen haber signos de una posible mejoría. Tímidos, hasta el momento, pero no irrelevantes. Desafortunadamente, hay una falta de claridad en la comprensión de cuándo y cómo se podría consolidar un desarrollo durable, consciente y coherente.

También parece que empieza a extenderse, con treinta años de imperdonable retraso y todavía poca evidencia, la percepción de que toda la situación en el mundo está profundamente contaminada por el perverso dominio de la especulación financiera. Pero sigue prevaleciendo la tendencia a concebir los problemas – y sugerir soluciones – sólo en términos de (verdadero o falso) dinero, dejando de lado la importancia del desarrollo social, cultural y civil. Es decir, de los valores humanos.

Es evidente que el dinero es importante – especialmente cuando falta. La riqueza no garantiza la felicidad, pero la pobreza la destruye con violencia brutal. Es necesario y urgente encontrar soluciones concretas y eficaces para ayudar a muchas personas que pierden o no pueden encontrar trabajo – o que de todos modos sufren escasez de dinero. Pero no es bastante.

En muchos países (entre ellos algunos “ricos”), existen graves problemas de opresión e injusticia, falta de libertad, represión feroz y violencia cruel. Hay desesperación, decepción, ansiedad, miedo, apatía y desaliento, incluso donde se vive en situaciones de (imperfecta pero real) democracia y libertad de opinión.

Malhumor, malestar, depresión e inquietud se infiltran por todas partes, incluso donde las condiciones reales de vida no son desesperadas. Si miramos un poco alrededor, no es difícil encontrar a personas y familias que saben sonreír – y actuar con coraje – incluso en situaciones difíciles, mientras que otros están perpetuamente insatisfechos y quejándose a pesar de que no tienen problemas de real gravedad.

La historia nos enseña que siempre ha habido distonías como éstas. Pero en estos tiempos es molestamente generalizada una peculiar epidemia de mal humor, debida sólo en parte a problemas concretos.

Hay una inquietante confusión en la que una imperdonable falta de atención a asuntos muy serios y preocupantes, que están por debajo del umbral de percepción, se mezcla con ansiedades sin sentido por problemas hinchados y deformados por la insistencia excesiva en la llamada “crisis económica”.

No puedo dejar de resumir aquí, lo más brevemente posible, cosas que he escrito en meses y años anteriores, tales como las falsas alarmas, así como el descuido de los verdaderos problemas y posibles soluciones, debido la distorsión exasperante de la “crisis” (especialmente en Europa y en los EE.UU., mientras que obviamente es un problema de todo el mundo).

Están los que se aprovechan, como los “muy ricos” y potentes que vuelven a serlo aún más con las manipulaciones financieras. Los muchos que bajo el pretexto de la “crisis” despiden, explotan, oprimen, pagan poco y tarde. Los aún más numerosos que se deprimen aunque no están realmente dañados, pierden coraje y esperanza. Se apaga el deseo de hacer, aprender, comprometerse, desarrollar, en la sombría percepción que es inútil porque cualquier intento se frustraría por la “crisis”.

Hay también una tendencia igualmente generalizada a “enojarse” de manera general y confusa. Y descargar su descontento en las personas más cercanas – aquellas con las que es deseable e importante la cantidad máxima de amor, comprensión y mutuo apoyo.

Sería estúpido, por supuesto, creer que una mejora en el estado de ánimo pueda ser una varita mágica capaz de resolver milagrosamente todos los problemas. Pero es un ingrediente necesario para cambiar perspectiva. Pasar de una pasiva resignación a una dinámica voluntad de hacer.

Quizás puede ser excesivo el optimismo de quien lleva la cuenta de las (muchas) cosas que están realmente mejorando. (Ver ¿2012 el mejor año?). Sin embargo el hecho es que estamos viviendo en una época como ninguna otra en la historia humana. Con problemas más grandes y más difíciles. Pero incluso con posibilidades de desarrollo y mejora que en el pasado habrían sido inimaginables.

En resumen – el lloriqueo, la depresión y el aislamiento no hacen más que empeorar la situación. El resultado de un comportamiento más activo y constructivo puede ser impredecible, pero sin duda hace la vida menos aburrida y más interesante.

*     *     *

Hasta aquí se ha hablado de humor, pero se trata también de la psique – en el sentido, definido clínicamente, de enfermedad mental.

Como expliqué en algunos textos anteriores, comenzando con La estupidez del Poder, capítulo 10 de El poder de la estupidez. (Esta no es solo una forma particularmente nociva de estupidez, sino que también se puede considerar como un síndrome contagioso).

Daños considerables son causados también por el avaro y autodestructivo “síndrome de Harpagón”. Pero aún peor son las “serpientes venenosas” que manipulan, a escala global, la especulación financiera. Están precisamente identificados como «psicópatas que tienen una condición bioquímica genéticamente heredada que les impide empatizar con el resto de la humanidad». (Ver al final de Había una vez el mercado).

En las lóbregas aguas de la “crisis” estos monstruos inhumanos «se alzan pronto, cual tiburones, y ponen en peligro la economía mundial». La contaminación es profunda, pero eliminarla no es tan difícil como puede parecer. La psicopatía de los malabaristas financieros es probablemente incurable, pero no se trata de intentar sanarlos. Puede ser suficiente simplemente excluirlos por completo del juego, de modo que no puedan hacer ningún daño. Sería útil también explorar los paraísos fiscales en los que han ocultado una enorme cantidad de dinero – para recuperar, al menos en parte, los bienes robados.

Como he dicho antes, es desconcertante que durante treinta años los gobiernos y las autoridades de supervisión financiera en todo el mundo han pasado por alto esta creciente enfermedad. Ahora parece que se empieza a tener alguna percepción. Pero son todavía escasas y vacilantes las actividades para resolver el problema.

Hay una concentración particular de psicopatía egoísta e “incapaz de empatía” en la oligarquía perversa de los especuladores financieros. Pero lamentablemente se ha encontrado su presencia creciente en otros centros de poder, en la alta dirección de empresas y organizaciones, tanto públicas como privadas. Donde quiera que sea, conduce a la pérdida de la noción de responsabilidad, sacrifica y destruye el espíritu de cooperación y cualquier posibilidad de motivación.

Así se ahogan los recursos humanos más valiosos. Los sistemas mal gobernados tienden a la auto-destrucción y mientras tanto infectan y contaminan los ambientes y las comunidades humanas con las que tienen relaciones.

Se debe entender que no se trata sólo de ética, rectitud, cortesía y urbanidad. La empatía no es “altruismo”. Es un recurso esencial e insustituible para la eficiencia y el desarrollo de cualquier empresa, organización o comunidad humana. Es un hecho abundantemente demostrado que es una cualidad intrínseca a la naturaleza de nuestra especie y un requisito indispensable para nuestra supervivencia y evolución.

No es un ingenuo sueño poético, o una fútil ilusión, creer que la armonía es la raíz de todo verdadero progreso. Encontrarla y cultivarla puede no ser fácil, pero es necesario, especialmente en una fase turbulenta y confusa como en la que nos encontramos hoy en día – agravada por una insidiosa epidemia de depresión, desilusión, descontento, odio, apatía, distonía y demasiados conflictos sin sentido, que no sólo empeoran el malestar y el sufrimiento, sino que también hacen que sea exageradamente difícil y atribulada la solución de los problemas.



empatia

Sobre la importancia de la empatía ver en De ratas y hombres



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