Había una vez... el mercado

Giancarlo Livraghi – agosto 2011

traducción castellana de Elizabeth Castillo – septiembre 2011

observaciones añadidas – octubre y noviembre 2011

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Qué hermoso era el mercado. Ha sido una invención extraordinaria. Hace diez mil años – o tal vez un poco antes. Todavía hoy nos divertimos, como turistas, cuando en cualquier país extranjero donde la tradición sobrevive vemos un mercado en toda su turbulenta vitalidad. O cuando, también en nuestra tierra, encontramos alguno que conserva la estimulante atmósfera de otros tiempos.

A la época donde los mercados estaban naciendo, viajar era difícil, lento y arriesgado. Se viajaba a pie, o lo más a caballo o a lomo de camello (o con una balsa o una canoa a lo largo de un río – los más valientes se arriesgaban a atravesar un poco el mar).

Desde hace muchos milenios la humanidad había aprendido que no todos saben hacer bien todo, no a todos se pueden enseñar todos los oficios, es mejor dividirse las tareas y colaborar. Luego se descubrió que todavía es más ventajoso si, en vez de quedarse en los límites de la tribu o del vecindario, se extiende el intercambio con otros, que saben donde encontrar, y como fabricar, algo diferente.

Nacía la fértil economía del trueque. Pero había de todo más y mejor. Al intercambio de objetos (o del conocimiento técnico de hacerlos y usarlos) se añadía la curiosidad de los encuentros.

Pronto se agregaron actores y saltimbanquis, malabaristas y bufones, artistas y músicos, juglares y portadores de noticias o leyendas sobre lugares y personajes reales o imaginarios. Con fiestas y danzas, juegos y chistes, cortejos y seducciones, en los cuales se entrelazaban amores, aventuras que contribuían a la exigencia biológica de enriquecer la diversidad genética (aún cuando ninguno conocía las leyes de la evolución).

Había escribas y sabios. Magos y sibilas. Pero también, naturalmente, embaucadores y estafadores. Meretrices y proxenetas. Ladrones y fulleros. Peleas y violencia, estafas y engaños. Asesinos, sicarios y mercenarios. Guerreros errantes, no siempre dedicados a asesinar dragones o salvar jovencitas del peligro. Bandidos dedicados a las emboscadas a lo largo de las vías de comercio.

Había también brebajes y venenos, miasmas y suciedad, parásitos y microbios, portadores de enfermedades – algunos morían, pero otros desarrollaban renovada inmunidad.

Sin embargo era, para todos, una fiesta. Una ocasión para romper el ciclo de lo habitual, salir de la monotonía y del aislamiento. Sin los mercados y los mercaderes no se hubiera desarrollado la riqueza de cultura y diversidad que es un fértil ingrediente de la evolución humana.

Luego alguien (no está claro quién, dónde o cuándo) inventó el dinero. Un medio útil para facilitar el intercambio. Pero también el origen de nuevos problemas, como nos enseña la historia de la economía y la infinita serie de atrocidades y violencia por una exagerada, a menudo insensata, manía por la acumulación de la riqueza.

(Una relativamente pequeña, pero insidiosa, variacin
de esta enfermedad se explica en Las miserias de Harpagón.

No ha sido un error, ni una desbandada involuntaria. Un “liberalismo” por tiempo indefinido ha llevado, al inicio de los años 80, a una intencional y drástica demolición de a reglas y controles. El impulso de las finanzas salvajes desencadenadas, se prometía, habría creado riqueza y bienestar para todos. Pronto fue evidente que tenía el efecto contrario. Pero la demencia casi se había vuelto crónica. Tanto que anulaba cualquier asomo de sentido común.

Era inevitable que un monstruoso edificio, cada vez más frágil y más alto, con visibles hundimientos estructurales, debiera colapsar. Y así ha sucedido en el 2007 – con los escombros cayendo sobre la economía real.

Los años pasan, pero nadie parece entender (o admitir) que no puede haber una recuperación sin cirugía radical, la eliminación de las raíces de la enfermedad.

Aún hoy, cuando escuchamos o leemos la palabra “mercado”, parece ser sólo una cosa: la bolsa de valores. Como si ese ambiente arcano tiene algo que ver con el mundo en que vivimos.

Las burbujas se inflaron y se desinflaron. Sólo unos pocos de los manipuladores de contabilidad han sido juzgados y encontrados culpables.

No hubo el aprendizaje de los problemas básicos. Todavía ahora, los debates y discusiones no terminan, nunca la “montaña rusa” se detiene.

Los medios de comunicación, la industria de la información, la cultura dominante en su conjunto, parecen estar perdidos y desesperadamente enamorados de un horrible y voraz parásito.


mantis
La obvia divinidad del maníaco culto financiero es la mantis religiosa,
que devora a sus amantes, así como a otros insectos que encuentra en su camino.

 

La economía ha sido siempre una “ciencia” cuestionable. Pero de la confusión hemos pasado a la locura. ¿Quien pudo pensar razonablemente que el valor de cualquier cosa pueda cambiar, sin motivo plausible, a la vuelta de unos pocos años? ¿O además crecer y disminuir bruscamente cuatro o cinco veces en un mismo día? Existe una simple y evidente explicación: se trata de maniobras especulativas.

Con increíble retraso, alguien está comenzando a preguntarse dónde está el fracaso. ¿Cómo puede ser admisible, por ejemplo, que las así llamadas autoridades de control sean empresas privadas, directamente involucradas en el juego?

Una idiotez de este tipo no sería aceptable ni siquiera en un casino. Con una diferencia substancial: quien juega juegos de azar, arriesga su dinero. Los tramposos de las finanzas se enriquecen amenazando con mandar a la ruina naciones, organizaciones, empresas, familias y personas en todo el mundo si no siguen sus crueles caprichos.

Por ejemplo, Italia. Un monstruoso déficit en las finanzas públicas ha sido provocado por imprudentes manejos políticos en los años ochenta. Por más de veinte años se han ignorado estos manejos (más bien se han perpetrado, o permitido, otros despilfarros que han empeorado la situación). Y ahora, de repente, se desencadena una apresurada mezcla de “recortes” y despidos indiscriminados (cuando para estimular una recuperación económica debe hacerse lo contrario) en obediencia servil a los mismos falsificadores que causaron la crisis.

Se inflaron y desinflaron, en la confusión mundial, las “burbujas” especulativas. Algunos de los culpables (pocos en comparación con el tamaño real del problema) terminó en un juicio. Pero no hemos aprendido la lección.

Sin embargo en el ruido abrumador de la inminente catástrofe hay excepciones reconfortantes. Como muchas empresas, grandes y pequeñas, que lejos de los reflectores siguen haciendo lo que saben hacer y siguen siendo bien saludables.

Una pequeña noticia, el 4 de agosto de 2011, pasó casi desapercibida. Un tribunal penal en Trani, Italia, está investigando por malversación algunos ejecutivos en dos de las mayores agencias de calificación financiera.

Trani
Trani, 54 mil habitantes, en la costa adriática de Italia

Sería divertido si una ilustrada revolución mundial diera inicio en la hermosa Trani. Por desgracia, es poco probable. Pero si unos cuantos, aquí y allá en el mundo, tenían la misma idea, podrían comenzar a arrojar alguna luz sobre las intrigas de los vampiros.

¿Dnde está el gran líder de opinión, o el portador de simple buen sentido, que nos puede mostrar el camino para salir de este lío?

Hasta ahora, desafortunadamente, no hay ninguno a la vista. Pero tal vez, en lugar de un filósofo, un economista, un político o un banquero, deberíamos ir en busca de un psiquiatra.




Post scriptum

Necroeconomía

traducción castellana de Rudy Alvarado – octubre 2011


Unos días después de haber publicado estos comentarios fui agradablemente sorprendido por un inusual y brillante artículo publicado en el Corriere della sera el 20 de agosto de 2011. El autor, Guido Ceronetti, no es un economista ni un analista político. Es un escritor, poeta, filósofo y dramaturgo. El vive y piensa en el mundo real y no en el extraño mundo de los oscuros negocios financieros.

El desasosiego ocasional, afirma, ha existido siempre. «Se le conoció bajo diferentes denominaciones: “spleen”, “blues”, melancolía, “ennui”, “taedium vitae”, etc., antes de ser llamado “depresión” y tornarse pandémico, afectando casi a todo el mundo en todos lados». Así es como este autor lo explica: «Frente al penetrante malestar el bienestar personal o social no importa. Los remedios antidepresivos sólo enriquecen a la industria farmacéutica que encuentra conveniente aliviar el mal sin tratarlo, expandiendo así el caro hábito de la drogodependencia».

Y ahora es mucho peor: «El inacabable bombardeo impreso y radiado repitiendo “economía-economía-economía” impuesto por las clases dirigentes y el continuo parloteo sobre la crisis sin precedentes, colosal, irremediable y fuera de control que afecta a todo el planeta no tiene más propósito que hacer trizas la mente de la gente».

Palabras muy duras, pero correctas. Sin embargo Ceronetti se torna aún más explícito: «Al leer y escuchar la radio o ver la televisión, estamos siendo hundidos cada día más en la cloaca en donde toda la porquería se acumula».

Por supuesto la solución no es tratar de sobrevivir sin información. «Nosotros leemos los titulares, escuchamos las noticias y buscamos comentarios y explicaciones. Los humanos necesitamos palabras cuidadas. Pero para esta nutrición vital no tenemos necesidad de que nos hablen de ese terrible dragón llamado economía, mientras que nadie tiene el coraje de enfrentarlo y matarlo».

«“Economía”, en el lenguaje actual. no es más que heces que necesitan ser purgadas. Continuemos absorbiendo toda la bazofia que se habla en cantidades cada vez más grandes y veremos cuán horriblemente la conciencia personal y colectiva puede ser deformada». Ya hemos visto algunas consecuencias alarmantes. Si el sermoneo sobre la desesperación continúa, la situación será peor.

Guido Ceronetti también tiene algunos comentarios sobre el significado de “mercado”: «Nuestra relación con el mundo de los números está hecho de pequeñas cifras. Incluso un ministro de economía, cuyos cálculos están medidos en billones de dólares o euros, cuenta los centavos de su bolsillo cuando gasta como cualquier persona ordinaria».

«El mercado real para la gente real, alrededor del todo el mundo, está en los lugares en donde nuestros sentimientos y toque están vivos – la amigable tienda de vegetales y frutas o la intrigante tienda de libros. Las espasmódicas cifras en el mercado de valores son porcentajes de muerte. Necroeconomía, como fue llamada en la revista alemana Die Welt. Cada vez que esta bestia levanta su cabeza, la Depresión golpea a millones de víctimas indefensas».

La alarma de Guido Ceronetti no es exagerada. Este grotesco mal todavía no ha llevado a la humanidad al filo de la extinción, pero ha causado enormes daños, incluyendo miseria, infelicidad y desesperación en mucha gente en muchos lugares, abandonándolos a un cruel sufrimiento, mientras los poderes gobernantes se quejan inútilmente sobre el “fétido leviatán” de los juegos financieros.

Adicionalmente al daño directo, la degeneración de la economía real y la sociedad civil, hay otros efectos enormes del “dragón llameante”: la obsesiva repetición de las predicciones sobre el día final en la inacabable ola de desinformación que no sabe, o pretende no entender, cómo se está causando este mal.

El mundo real no es un jardín de felicidad y bienestar, pero tendríamos una mejor oportunidad de entender – y tratar de resolver – los problemas reales si no fuera por la distracción de macabras danzas en el traicionero mundo ficticio de la truculentas finanzas.

Sería una buena idea si un patólogo cultural encontrara una fórmula para una “drástica purga”. O si un valiente caballero matara al dragón. De cualquier forma, sería un sustancial paso adelante si el mundo de la información despertara y nos ayudara a recuperarnos de esta pesadilla.


Bosch

Hay disputas exegéticas acerca de qué símbolos culturales, o profundidades
del subconsciente, han inspirado el horror en las pinturas de Hieronymus Bosch.
La cruel realidad es que se adaptan bien a la necroeconomía de hoy.
Sería una ironía trágica si la humanidad que sobrevivió con enormes
sacrificios y sufrimientos a las perturbaciones del clima,
plagas y guerras, desastres y conflictos, hoy corriera
el riesgo de catástrofe por la estúpida perversidad
de una camarilla de manipuladores financieros.




Un otro post scriptum

¿Alguien empieza
a entender?

octubre 2011


Los meses (y años) pasan. El problema persiste. Pero parece que, finalmente, hay algúnas señales de una percepción menos confusa. Aunque vagamente, se está empezando a entender que la especulación financiera ha envenenado todo el sistema con horribles contagios en la economía real, la sociedad, la cultura, la vida cotidiana y el futuro de la gente. (Incluso en aquellas partes del mundo donde la “crisis” no se percibe directamente, se refleja en la continua propagación de horrible sufrimiento, incluidas las situaciones de extrema gravedad que nadie “tiene tiempo” para abordar y resolver).

“Algo” se mueve. Pero no es suficientemente claro. Hay una protesta bien motivada, pero desordenada, en Wall Street – extendida desde Nueva York a otras ciudades de Estados Unidos. Y se está extendiendo en el mundo. Algunos de los comentarios comenzaron a aparecer, a veces. en los periódicos.

Por ejemplo, en un interesante artículo de Danièle Blondel (Le Monde 3 octubre 2011)
Du «marché» meurtrier à la «bonne intelligence» économique et sociale
 

Hay “pasos adelante”, pero el objetivo sigue siendo impreciso. No está suficientemente centrado en la manipulación perversa de los nigromantes financieros.

Está bien la propagación de dudas y controversias. Pero para salir del pantano venenoso se necesitan ideas y soluciones más concretas y precisas.

El objetivo no es abolir el mercado (el verdadero). Evidentemente, es imposible – y sin embargo no es deseable. Tampoco necesita suprimir los “mercados financieros” – sino reducirlos, drásticamente, al papel limitado que puede ser útil. En servicio, siempre y cuando sea necesario, la economía real. Nunca en condiciones de dominarla y esclavizarla a sus caprichos.

No es tan difícil como puede parecer. Pero es necesario que el público esté mejor informado acerca de la naturaleza real del problema. Y, con la ayuda de los medios de información y comunicación que pueden llegar a ser más lúcidos y conscientes, menos sumisos y desorientados, obligar a los gobiernos y los organismos de supervisión a realizar su trabajo de verdad.

Los sórdidos conspiradores financieros son mucho peores que Catilina. ¿Quousque tandem abutebuntur patientia nostra?




Algunas citas

octubre 2011
 

Puntos de vista de diferentes épocas y lugares
pueden ayudar a ganar perspectiva.
 

La propiedad monopolizada o en posesión de unos pocos es una maldición para la humanidad.
John Adams

Las Vegas se ofendería si la compararán con Wall Street. En Las Vegas la gente sabe cuáles son las probabilidades. En Wall Street se manipulan las probabilidades mientras uno juega.
John Ensign

Si la gente conociera el sistema bancario y monetario, habría una revolución mañana por la mañana.
Henry Ford

La economía mundial es la más eficiente expresión del crimen organizado. Los organismos internacionales que controlan la moneda, el comercio y el crédito practican el terrorismo contra los países pobres, y contra los pobres de todos los países, con una frialdad profesional y una impunidad que humillan al mejor de los tirabombas.
Eduardo Galeano

Las instituciones bancarias son más peligrosas para nuestras libertades que ejércitos listos para el combate. Si el pueblo americano permite un día que los bancos privados controlen su moneda, los bancos y todas las instituciones que florecen en torno a los bancos privarán a la gente de toda posesión, primero por medio de la inflación, en seguida por la recesión, hasta el día en que sus hijos se despertaran sin casa y sin techo, sobre la tierra que sus padres conquistaron.
Thomas Jefferson

Permitabnme controlar el dinero de una nación y no me importará quién la gobierne.
Amschel Mayer Rothschild
(La atribución es incierta, pero el concepto es claro).

Una banda financiera internacional, sin alma ni corazón, ha creado un mundo de desigualdad, miseria y horror. Es urgente poner fin a su reinado criminal.
Jean Ziegler

Espero que estos pocos ejemplos sean suficientes
para ayudarnos a entender la situación.





Otro punto de vista

¿Es una enfermedad mental?

noviembre 2011

traducción castellana de Rudy Alvarado – diciembre 2011


Mientras todavía estamos inundados con infinitas elucubraciones sobre la crisis, argumentos y desacuerdos sobre cómo buscar remedios, legítimas pero incoherentes “indignaciones”, conflictos de poder y todo tipo de manipulaciones, hay algunos comentarios aquí y allá, alrededor del mundo, que no han sido debidamente apreciados como deberían y que podrían ayudarnos a entender más claramente la naturaleza del problema.

Un nuevo ejemplo es la inusual, intrigante e interesante aproximación que fue revelada el pasado 21 de noviembre, 2011.

Existe un sentimiento avasallador de que la enorme histeria colectiva resultante de la manipulación financiera no es sólo una epidemia mundial de estupidez. También parece tener, regularmente seguido, el carácter de una enfermedad mental contagiosa.

Este concepto ha sido desarrollado muy seriamente por Mitchell Anderson. Como lo ve, aproximadamente uno por ciento de la humanidad está afectada por una forma peligrosa de psicopatía – y tiende a coincidir con el uno por ciento que está involucrado en el apalancamiento de la economía mundial.

Time to Test Corporate Leaders to Weed out Psychopaths

El artículo de Mitchell Anderson está relacionado con un estudio anterior de Clive Boddy publicado en el Journal of Business Ethics el 9 de agosto, 2011.

The Corporate Psychopaths Theory of the Global Financial Crisis.

 
El concepto de psicopatía en las jerarquías de poder
se había desarrollado en 2006 en un libro
Snakes in Suits – When Psychopaths Go To Work
por Paul Babiak y Robert Hare
pero fue sobre el manejo de las corporaciones
en lugar de maniás en la manipulación financiera.
 

Mitchell Anderson y Clive Boddy concuerdan en que hay «psicópatas corporativos que tienen una condición bioquímica genéticamente heredada que les impide empatizar con el resto de la humanidad». En las lóbregas aguas de la “crisis” «ellos, cual tiburones, se alzan pronto y ponen en peligro la economía mundial».

La foto incluida en el artículo de Mitchell Anderson es muy esclarecedora.
Mientras que estos psicópatas no son asesinos maniáticos, sí son un peligro mortal.

scure
    Not murderously insane, just devoid
    of empathy and ultimately destructive

 

Según un interesante artículo por Isabelle de Foucaud publicado en Le Figaro, 28 de septiembre de 2011, un estudio clínico realizado por la Universidad de St. Gallen muestra que los traders del mercado de valores son “más locos que lo psicópatas”.

Es difícil decir si esta psicopatía es una “condición bioquímica genéticamente heredada”, o si es el resultado de una degeneración cultural.Pero, en cualquier caso, a estas alturas es probablemente incurable, pues se cría en un ambiente maniático autoreplicador que es absurdamente aplaudido y recompensado.

Tomaría un largo esfuerzo y un complicado proceso identificar (y remover) a los afectados por las pruebas psicológicas. Nosotros no tenemos tiempo para elaborar diagnósticos y desarrollar antídotos.

La prioridad inmediata es no sólo remover a los psicópatas manipuladores, sino también a las aviesas y egoístas organizaciones que arbitrariamente gestionan el sistema – y a todas las múltiples e insidiosas instituciones en las que el juego financiero prevalece sobre la economía real, la sociedad y los derechos civiles, los que necesita retomar el control si queremos encontrar una salida. Esto no es tan difícil como nos han hecho creer, pero es necesario un cambio radical de perspectiva.

De cualquier manera no debemos pasar por alto que en treinta años de continua degradación, la epidemia financiera ha infectado la dirección, jerarquía, mentalidad y procedimientos de las corporaciones y sistemas de poder. No es fácil, pero es urgentemente necesario proceder de forma agresiva con una fuerte desinfección.
 


Más comentarios sobre este tema se encontran
en De ratas y hombres – y en Estupidocracia



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