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La cucaracha


de Giancarlo Livraghi gian@gandalf.it – Diciembre de 1998

Versión al español de Marco Bellonzi marco13@santandersupernet.com



Hay personas que me conocen, pero no saben bien cómo estoy hecho (y sobre todo no saben bien cómo está hecha una máquina electrónica) y de vez en cuando me sueltan: "Tú, que eres un enamorado de los ord enadores...". Bien, acabemos de una vez por todas con estas malas lenguas: entre nosotros hay una convivencia, a menudo incómoda. Quizá sea un matrimonio de conveniencia; una colaboración forzada; puede que una trabajosa amis tad. Pero no es amor.

Nos podemos enamorar algo de un objeto. Un libro puede gustarnos por su aspecto además de por su contenido. Podemos amar una silla, un cojín, un viejo canterano, un vaso, una bicicleta, hasta un destornillador (tengo uno tan bonito y pr&a acute;ctico que me encanta contemplarlo). Cuando escribía con viejas máquinas mecánicas, confieso que me enamoré de alguna... especialmente la Valentina, con su bonito vestido rojo y escotado. En los tiempos lejanos en que empe cé a escribir con el ordenador, al principio echaba de menos el viejo y habitual claqueteo de las teclas (por suerte, aún tengo un viejo teclado algo ruidoso que hace casi el mismo efecto). Pero ¿puedo amar el ordenador? No.

Antes que nada, es uno de los objetos más feos que he tenido la desgracia de tener en casa (o en la oficina). Con ese color grisáceo, de divisa militar. Con esas dimensiones engorrosas y sin gracia. Menos mal que ahora tengo una torre que puedo tener bajo la mesa, así se ve poco. Desde luego no ayudan a la estética del ambiente el feo monitor, la triste impresora, el anónimo escáner, la maraña de hilos y cables... Tengo un portátil que por lo meno s es negro y tiene una forma algo menos desagradable, pero tampoco eso se puede definir como una obra de arte del diseño.

Actualmente se está tratando de cuidar un poco la estética. Por ejemplo la Apple ha lanzado un nuevo producto que es evidentemente un intento de desmarcarse y de convertir el objeto en algo más atractivo. Probablemente los aficionados a Macintosh (que son un poco fanáticos) dirán que es guapísimo. Como dicen en Nápoles... ogni scarrafone è bell'a mamm' soja (toda cucaracha es guapa para su madre). Pero yo no soy la mama de Apple, ni de ni ngún ordenador, y si lo fuera, me avergonzaría de mi prole. Ese cucarachón verde me parece sinceramente feo y un poco kafkiano.

Pero la estética es un problema menor. Lo que de verdad hace difícil la convivencia con estas máquinas es el hecho de que funcionan mal. Cierto: un word processor es una invención extraordinaria, infinitamente superior a cua lquier tradicional máquina de escribir. Pero sería infinitamente mejor si no estuviéramos obligados (por necesidad de comunicación con los demás) a utilizar sistemas farragosos, mal concebidos, poco funcionales, tan in&u acute;tilmente complicados que si se tiene la desgracia de apretar una tecla equivocada se desatan funciones extrañas y desconocidas, y que tienen la mala costumbre de detenerse en el peor momento posible. (Desde hace tiempo vengo repitiendo que el principio fundamental de la informática no es la ley de Moore, sino la ley de Murphy).

Cierto: usar la red es fascinante, por las posibilidades de comunicación e información que ofrece. Pero quien diga que las tecnologías son friendly tiene un concepto un poco perverso de la amistad. Ya en los tiempos antiguos , cuando se trabajaba en "sólo texto", la cosa no era muy cómoda. Era necesario, para bien o para mal, ingeniárselas entre editor y programas de conexión, mailbox que no siempre funcionaban...maximus, telnet, anonymou s FTP. por no hablar de ping, traceroute, gopher y veronica... Pero ahora es peor. El bueno de Berners-Lee había inventado un lenguaje HTML que tiene no pocas complicaciones y bastantes límites, pero al menos era igual para todos. Ahora con la idea de "mejorarlo" lo han hecho tan complicado que si una cosa está escrita para un cierto browser se ve fatal con otro (y ya no hablemos de cookie, activex y otras tonterías, o de esos sites donde no se ve nada si no se descar ga un software concreto). Voy a un site para ver si han puesto on-line la relación de un convención y ?sabéis qué me encuentro? Las voces en real audio. Por no hacer el trabajo de picar el texto ponen las grabaciones tal cual, con golpes de tos y ruidos... y si quiero citar algo no puedo coger el texto, tengo que escuchar y tomar nota, como hacía cuando iba a la universidad con aquéllos profesores poco diligentes que no escribían nunca sus apuntes. Es uno d e los cien mil ejemplos de cómo se usa la tecnología para hacer mal las cosas y hacernos la vida difícil. Y además hay aquéllos que para darte una información que estaría en dos páginas de texto pone n on-line una pesadísima presentación en powerpoint...

Cierto: nunca es culpa de la máquina. Un ordenador sólo es una calculadora, que sabe hacer operaciones matemáticas con extrema velocidad. Para un ordenador el lenguaje está hecho de muchos ceros y unos o de secuencias como ƒFЬ&!Q$Jen߲Jư|! Ž$œ$ mientras que lo que a nosotros nos aparece como texto para él es un amasijo indescifrable de caracteres incoherentes. Es tan completamente estúpido que no puede ser responsable ni de las cosas que funcionan ni de las miles de disfunciones y complicaciones que nos hacen sufrir cotidianamente. La "culpa" es siempre y sólo de un ser humano que ha concebido algún procedimiento destartal ado o una interface incomprensible, o programas que se interfieren entre sí y se estorban mutuamente.

Y además... para complicarnos la vida aún más han abolido, o reducido al mínimo, los manuales "impresos" (de hecho hay una próspero mercado editorial de pesados y caros volúmenes que sólo sirve n para tratar de explicarnos cómo funciona tal o cual programa). Ya aquellos manuales eran poco comprensibles, pero es aún peor con los llamados on-line help donde, en medio de un montón de obviedades, casi siempre falta lo que nos interesa, y donde si preguntamos qué quiere decir "piranzolar el pistroforo" nos responde "esta función sirve para piranzolar el pistroforo". Y en ningún lugar del programa existe una definición de "pistroforo" o de "piranzolar". Me ha pasado, más de una vez, de encontrarme delante de una función incomprensible y pedir aclaraciones a un ingeniero electrónico. Cada vez es más frecuente oir la respues ta: "Pues no tengo la menor idea. Mira a ver lo que pasa. Pero primero haz un backup, por si se te jode el sistema".

Mi vida con el ordenador es todo menos que una historia de amor.





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